Diálogos de Gorín & Manchado en el exilio

Olegario Gorín y Andrés Manchado, otrora dúo editor de la revista PrPrHa, han estado distanciados un tiempo considerable, hasta por fin descubrirse en medio de las casualidades que han venido conduciendo su relación, esta vez en exilios paralelos

miércoles, diciembre 13, 2006

Alegría

Escuchando Olimpia wa de Rancid, banda punk norteamericana, señor Manchado. En eso estoy en este momento. Y ya conozco su opinión acerca de los norteamericanos, don Andrés. Pero esa banda está muy buena y ese tema me pone bien. Pero qué digo, ¿cómo le va? Más de dos años, ¡dos años!, ¿se da cuenta? Cuánto tiempo pasó. Le juro que me temí lo peor, se lo juro. Y es que no me gusta jurar, pero... le juro que así fue. Pero es un alivio sentirlo ahí nuevamente... y templándome. Realmente es así. Pero, ¿dónde está usted? Yo sigo exiliado de esas histerias que me llaman tan a menudo. Exiliado y volviendo todo el tiempo como exiliado vuelve siempre. Cuando puedo, de cuerpo presente, el resto del tiempo con el pensamiento, con lagrimones de creatividad y también de un raro modo, siguiendo con aquello que mi vieja vida me enseñó. Así ando, así anda mi exilio. ¿Y el suyo? ¿Desde dónde me escribe, Manchado? ¿Cuál es ese tal suceso del que me quiere hablar, amigo mío? Alegría me invade de saberlo ahí, tras palabras que me templan. ¡Qué no muera nunca este vínculo!

viernes, noviembre 10, 2006

Tempando

Un suceso puedo relatarle, pero antes quisiera enviarle don Olegario un cálido abrazo. Es menester que comience con mi relato, el cual no es para todos Gorín sino para los que si, los que en si, y los que solo en tanto...

domingo, septiembre 26, 2004

Carta urgente y necesaria

Don Andrés, no sé nada de usted, no tengo noticias suyas y me preocupo. Quizás le moleste mi insistencia, quizás esté siendo insolente, quizás usted considere esto mío como un atrevimiento, como una presión desleal. Quizás pasen una y mil cosas que no creo pasen, pero quizás sí. Pero tengo miedo. Percibí en vuestra carta algo de nostalgia y dolor, aunque encubiertos en esa fortaleza que sus palabras saben construir. Temo que haya caído vuestra entereza, vuestra entrega inagotable, temo lo peor, no puedo negárselo. Temo incluso que estas palabras lleguen tarde y nunca puedan llegar a ser leídas por usted. Temo, le juro, no me animo ni siquiera a escribirle, hace días que estoy dando vueltas para hacerme de la empresa de buscarlo con esta hoja inmadura y frágil. Sufro yo, débil yo este proceso exiliar y temo que vuestra persona no resista, qué irresponsable de mí desconfiar de usted, pero temo. Sé que uno decae en determinadas circunstancias. No más que esto. No quiero ahondar más, no quiero pensar más lo peor. Por favor, si lee esto, por favor si lee esto repito, respóndame. El insomnio me tiene en vela ya dos noches enteras. Sabe usted cuanto me preocupa su persona íntegramente. Saludos y a la espera de una pronta respuesta, Olegario Gorín

jueves, septiembre 09, 2004

carta número 2

Don Manchado, le aseguro que deseo llegar a ese conocimiento sustancial, por Dios, la existencia humana, qué dilema... "un insustancial sentimiento de culpas y angustias, de pensamientos paganos y hasta por momentos contaminados de cierta perversidad". Así me sentía yo antes de exiliarme, exiliar digo, exiliarme todo, quitarme un poco, desarraigarme para rearraigarme... adaptarse... es posible adaptarse definitivamente? Me lo pregunto todo el tiempo, don Manchado... ¿Qué descubrimientos han acompañado su viaje? Yo llevo encima una expectativa de vacío y me encuentro a cada paso con universos no previstos, impensados... Descubro con cada paso, pese al sufrimiento del sentimiento de pérdida, al miedo del olvido... Cuenteme de su viaje, ¿seguirán los senderos ocultos y misteriosos, albergando su alma ávida de germinación creativa? ¿O es que acaso ya encontró un lugar, SU lugar? ¿Planea volver? ¿Qué ha sido de la filósofa paranaense?... Anónimas palomas mensajeras me han informado que ella también se halla exiliando su alma, no sé su cuerpo, por caminos que iluminen algo de su peregrinar incierto... Solitarias vías que den algo nuevo al zombismo constante... Aprecio sus palabras de contención y me siento orgulloso de gozar con su amistad, lo que se refleja en la forma en que nos entendemos... Tan bien le hace a uno, inmerso en el exilio de su alma, tener esos brazos siempre abiertos... Simplemente gracias por las palabras que recibiré. Olegario Gorín

martes, septiembre 07, 2004

Primer respuesta (insustancial sentimiento)

Querido Olegario: Mi sentimiento hacia usted sigue siendo el mismo, extraño las tardes en el "Plaza Bar", donde abudaban los recuerdos de la Famosa Filósofa Paranaense, que mujer, que recuerdos. Con respecto a mi exilio, que le puedo contar que usted no intuya, usted me conoce, tantos años de charlas y tantos silencios juntos. No piense que el exilio es complicado, uno puede acostumbrase a migrar a dejar todo y todos atrás, pero creo que eso no es «el exilio» , o por lo menos no es el exilio que causa sufrimiento. Nadie es impresindible, creo, aunque ahí está unas de mis primeras conradicciones. Intento creerlo, intento pensar que puedo presindir de todos pero luego de fallidos intentos, me resigno e intento silenciar mi alma. Le cuento que una noche, luego de tanto meditar me ví exiliado, yo ya no era Andrés Manchado, él se había ido. Aquel Manchado abocado a la recolección de momentos secibles se convirtió en algo que hasta ahora no puedo describir, un insustancial sentimiento de culpas y angustias, de pensamientos paganos y hasta por momentos contaminados de cierta perversidad. Creo que mi alma ha comenzado su ultimo exilio, ese del cual nadie está exento, sepa usted que en este momento no estoy sufriendo, solo intento recordar, para extender esta, mi última ida. ¿Don Olegario, cree usted que me estoy muriendo? Gorín espero pronta respuesta... y debo contarle de mi últimmo descubrimiento. He descubierto el porqué de la existencia humana. Pero ya habrá tiempo para explicarme. ¿Habrá tiempo Gorín? Atentamente Andres Manchado

lunes, septiembre 06, 2004

carta número 1

Estimado Don Andrés Manchado: Me dirijo a usted vía esta misiva, para expresarle mi absoluta coincidencia con vuestras sensaciones acerca de esta penuria a la que llamamos exilio. Entiendo de una persona como usted, perdón, entendía yo lo complicado que sería para alguien como usted, de tanto mundo... Bueno, debo contradecirme y contracontradecirme, porque bien debo dejarle en claro que al enterarme de vuestro exilio, ideas harto diferentes inundaron mis somnolientas madrugadas de vacío. Por un lado, yo me decía "por favor, tanta alharaca, no puede ser; el Señor Don Andrés Manchado es una persona de mundo, con calle, con mares, con toda una vida de viaje; él vive en un exilio constante para abocarse a sus ideas, como se debe, como tanto nos cuesta, como tanto me cuesta a mí". Entonces yo me decía, el Señor Don Manchado debe estar acostumbrado, debe considerar este episodio en su odisea por este mundo, como no más que eso, un episodio más. Seguramente subyace su sufrimiento y desarraigo bajo los pies de un soñador que se conduce a las mares más desconocidas con su barca esperanzada. Entonces, allí, en ese preciso momento, justo... lo recuerdo tan bien, recostaba mi cabeza sobre un almohadón deformado por el uso... y pensaba... y pensaba, pobre Don Manchado... pobre... una persona tan reconocida, con tanto mundo, con tanta historia, con tantos amigos y conocidos y colegas... ¡Cómo debe dolerle esto de dejarlos! Entonces me dije, "basta de conjeturas, Olegario, escribile y que él te cuente cómo vive el exilio... quizás de esa manera, puedas empezar a comprender cómo debes hacer para sobrevivir al tuyo". Olegario Gorín